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Próximos eventos

Ponentes:

Ramon Franquesa (Marea Pensionistas)

✓ Jesús Muñoz (co.bas)

✓ Carmen Esbrí (Marea Blanca)

✓ Carlos Rosetti (activista social)

Moderador: Manuel Galiñanes

Día: Viernes, 19/noviembre/2021
Hora: 19.00 h
Unirse a Zoom:

https://us02web.zoom.us/j/83085212704?pwd=UXhvSm52OVlQTWNuclhhbmRHNzBRdz09

ID de reunión: 830 8521 2704
Código de acceso: 984704

pic ESP_Claves para una politica representativa 19nov2021.jpg

Ponentes:

Ramon Franquesa (Marea Pensionistas)

✓ Jesús Muñoz (co.bas)

✓ Carmen Esbrí (Marea Blanca)

✓ Carlos Rosetti (activista social)

Moderador: Manuel Galiñanes

Día: Viernes, 22/octubre/2021

Ponentes:

Javier Giner
✓ Esther Morales-Cañadas
✓Manolo Monereo
✓Leo Klinkers

✓David Vilas
Moderador: Manuel Galiñanes

Día: 1/octubre/2021

CONFERENCIA 

"Paisaje para después de una batalla”

Ponente:

-Manolo Monereo (Politólogo)
 

Día: Viernes, 25 de junio de 2021

 

Lugar: Gijón

De Felipe a Sánchez: volver a ser el partido del régimen

Tras el 40º Congreso, el PSOE amenaza con romper el gobierno de coalición ante una Yolanda Díaz en auge

Por: Manolo Monereo - 25 octubre 2021 - Fuente: Norte.es

Para Alberto Rodríguez, nunca caminarás solo

Algunos, pocos, siempre dijimos que Pedro Sánchez tenía un objetivo claro: ser el Felipe González de la nueva etapa de Felipe VI. El abrazo entre los dos ejemplifica muy bien esto. El PSOE ha sido verdaderamente el partido del régimen, no solo por los años que ha gobernado sino por su capacidad de asegurar un amplio consenso popular reforzando, a la vez, el poder de los que mandan y no se presentan a las elecciones. A esto se le llama centralidad. La presencia también de Pérez Rubalcaba dice mucho de la conexión profunda con la casa de los Borbones y con la operación que llevó a la salida del Rey Emérito. Se ha dicho que las derechas nunca ganan las elecciones; las pierde el PSOE, bien porque una parte de sus votantes pasa a la abstención, bien porque otros votan a formaciones políticas a su izquierda.

Las condiciones de las que partía Pedro Sánchez eran muy singulares: descrédito del bipartidismo, 15M, emergencia y desarrollo de Podemos… Recuperar el Partido Socialista era especialmente complejo y lleno de dificultades. El secretario general de PSOE nunca se podemizó, se mimetizó y se camufló con una orientación más a la izquierda y con una disputa muy dura con el viejo aparato del partido. La imagen de la “troika” de los viejos discípulos de Pepe Blanco —Hernando, López, Sánchez— trabajando juntos de nuevo, expresa muy bien esta parábola de un PSOE que vuelve a su centralidad. La clave ha sido siempre la misma, que el Partido Socialista no tuviese un competidor sólido a su izquierda. Si se observa la trayectoria del Secretario se verá que su línea siempre ha sido la misma, reducir el espacio electoral de Unidas Podemos costase lo que costase. Los intentos de alianza con Ciudadanos y la convocatoria de nuevas elecciones se hicieron con este propósito. Solo cuando no quedaba otra posibilidad, se alió con una UP que ya no tenía la fuerza del pasado.

 

“Se ha dicho que las derechas nunca ganan las elecciones; las pierde el PSOE”

El Congreso del PSOE en realidad ha sido una convención. Es típico de la forma-partido que progresivamente se va imponiendo en Europa. Los viejos Congresos de las fuerzas de izquierdas van desapareciendo, no hay debates de gestión, el programa político no es otra cosa que un conjunto de eslóganes electorales y las viejas discusiones sobre los estatutos desaparecen ante un liderazgo único, direcciones homogéneas y laminación de las minorías. Asombra la falta de grandeza, la carencia de ideas y la cruel monotonía en torno a un pensamiento único que sigue siendo dominante; para decirlo más claro: ni imaginación y ni principios. La referencia constante a la socialdemocracia nada dice. El tema da para mucho y, desde luego, un debate en serio sobre qué significa aquí y ahora esa vieja posición habría conseguido situar verdaderamente este Congreso más allá de lugares comunes y de significantes vacíos.

Lo que parece haber de fondo, tanto en el PSOE como en UP, es que después del COVID-19 se han acabado las políticas de austeridad y que retorna un nuevo keynesianismo; es decir, que las políticas reformistas en países como España tendrían el apoyo de la Unión Europea. Se pone como ejemplo la Next Generation, los fondos de recuperación. ¿Realmente la UE ha cambiado de política? No lo creo. Lo que sí sabemos —la Comisión lo ha recalcado siempre que ha podido— es que estos fondos son excepcionales y únicos y que las famosas cláusulas de Maastricht están suspendidas temporalmente. Lo lógico sería que la izquierda europea y los gobiernos del Sur de Europa estuviesen luchando en favor de una plataforma común para cambiar estas reglas y realizar políticas realmente keynesianas más allá de las palabras en vez de esperar a ver qué hace el próximo gobierno alemán. La recuperación-milagro llega con dificultades, no solo con la amenaza de inflación sino por el encarecimiento de materias primas, alimentos y energía y, sobre todo, por la ruptura de las cadenas de valor que tienen que ver con las múltiples fracturas de la globalización capitalista.

Pasado el Congreso del PSOE, garantizada su unidad esencial en torno a Sánchez, se han dado una serie de acontecimientos que amenazan con romper el gobierno de coalición y que han llevado a una crisis, una más, en Unidas Podemos. Me refiero a los acuerdos PSOE-PP para desbloquear algunas instituciones del Estado, la sustitución de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, como negociadora principal para la reforma laboral y la amenaza de querella criminal contra la presidenta del Congreso por no defender al diputado Alberto Rodríguez. Soy poco dado a las teorías de la conspiración. De que las hay, no tengo duda; simplemente creo que la política real no se puede explicar por ellas. La reafirmación del PSOE como la fuerza central del sistema político lleva implícito asegurar a los grandes poderes económicos que ciertas líneas rojas no se van a sobrepasar. No es casualidad que reforma de pensiones y del mercado laboral están especialmente vigiladas por la Comisión Europea y que son, además, rechazadas de una u otra forma por la gran patronal española.

 

“El Reino de España no es un Estado soberano, está obligado a negociar sus políticas con los órganos de la Unión Europea”

La ministra Calviño no lo es por casualidad. Sánchez buscó a alguien de confianza para saber siempre los límites de sus políticas. Calviño representa en el gobierno de España a la UE; que gane poder e influencia significa que las demandas de los poderes económicos están siendo atendidas y que la Ministra de Economía va a cumplir con su tarea enérgicamente. La unanimidad de las fuerzas políticas en favor de la Unión Europea está siempre unida a la falta de información y a situar a esta como un simple actor externo. El Reino de España no es un Estado soberano, está obligado a negociar sus políticas con los órganos de la Unión y los Presupuestos Generales del Estado deben ser aprobados previamente por la Comisión. El comisario Gentiloni, que ha acudido en apoyo de la ministra Calviño, lo ha dicho con toda la claridad: nuestro gobierno se ha comprometido a determinadas políticas y si no las cumple, no recibirá los fondos y será sometido a un expediente previo; así de simple.

 

La decisión de sustituir a la ministra Yolanda Díaz como interlocutora básica en la negociación sobre la reforma laboral es una medida muy pensada de Pedro Sánchez. Tiene que ver con dos asuntos interrelacionados: la derogación —contenido y límites— de las contrarreformas laborales del PP, que como es sabido tienen el rechazo frontal de la patronal y, por otro lado, el excesivo protagonismo de una vicepresidenta que se está convirtiendo en la gran esperanza de una parte significativa de la izquierda y que, según Iván Redondo, puede terminar siendo posible alternativa para presidir el gobierno de España. Se trata, no hace falta subrayarlo, de un conflicto especialmente duro que expresa las nuevas y viejas contradicciones entre el PSOE y UP, y, lo que es más significativo, en la propia coalición. Como es fácil entrever, las dos cuestiones se comunican ampliamente.

Sánchez juega fuerte. Una ruptura del gobierno en este momento y por este motivo es difícil de explicar a la opinión pública en general y a la izquierda en particular. Ir a elecciones sin presupuestos y sin el maná europeo es, se tarde más o se tarde menos, darles la victoria a las derechas. Luego se debe tratar de otra cosa: ¿cuál? Dirigir el conflicto obligando a UP —y a los sindicatos— a una derogación débil de la reforma laboral del PP y, de paso, erosionar a la ministra en alza; si, además, se fractura Unidas Podemos, mucho mejor. Hipótesis del secretario socialista: que la coalición de izquierdas (UP) no tiene el coraje moral ni la fuerza política para poner en crisis al gobierno y, eventualmente, romper con él.

 

Yolanda Díaz sabe que está ante un pulso político crucial que llega antes de lo esperado. No puede ceder; entre otras muchas razones, porque esta batalla es la preparatoria de la decisiva, las pensiones. Si algo enseña la experiencia del movimiento obrero organizado es que las batallas del Palacio se ganan fuera, es decir, acudiendo a la opinión pública y negociando con luz y taquígrafos. La fuerza de una tribuna de la plebe siempre fue el apoyo de la ciudadanía, de las clases y familias trabajadoras; ser parte de ellas y nunca aislarse en territorios marcados por los amigos de los poderosos. El conflicto solo está en sus comienzos. Nos jugamos mucho.

Pedor Sanchez 26oct21.jpg

Tomarse en serio a Vox

Fuente: Nortes.me - Publicado el 14/octubre/21

Las izquierdas necesitan construir una propuesta político-cultural con voluntad de hegemonía que dispute a las derechas España como proyecto.

 

Lo mejor es empezar por lo importante: el imaginario político-constitucional y la simbología del sistema está fuertemente hegemonizado por las derechas. ¿Exagero? Creo que no. Frente a esto, la izquierda tiene muy poco que oponer y corre el peligro de perder su centralidad en el país. Quisiera argumentar tres asuntos: primero, cómo empezó esta hegemonía; segundo, el contenido del discurso de las derechas y, tercero, lo que significa Vox en este contexto.

Todo empezó con algo que se olvida hoy, a saber, la reacción de los poderes fácticos que llevaron a la disolución de la UCD, el intento de golpe de Estado del 23F y la refundación del Partido Popular. Aznar lo dejó muy claro: una derecha sin complejos que no admitía ninguna superioridad moral de las izquierdas; es decir, de las fuerzas democráticas que emergían de la clandestinidad. ¿Qué significaba esto? Que el PP no estaba dispuesto a criticar el franquismo, a romper en serio con él y que pasaban a la ofensiva para disputarle a las izquierdas el proyecto de país, en momentos, hay que subrayarlo, en el que este cambiaba sustancialmente. No es casualidad que en los años del “felipismo”, de la integración en el OTAN y en el Mercado Común, de reconversión industrial y social, las derechas levantaran una plataforma cultural que tenía en su centro el debate sobre la historia, sobre nuestra reciente historia. La izquierda, como suele ser habitual en ella, miró con desprecio la operación, se centró en la historia profesional y le dejó todo el campo libre a los Pío Moa, a los Jiménez Losantos y los César Vidal. La paradoja era que la izquierda, en nombre de la reconciliación, hablaba poco y con prudencia de la Guerra Civil mientras los publicistas de la derecha la convertían en tema central de sus preocupaciones e iniciaron un trabajo de masas con un objetivo claro: deslegitimar la Segunda República, justificar el golpe de Estado dirigido por el general Mola y, lo más importante, validar la dictadura de Franco.

El discurso de las derechas se ha ido construyendo sobre las debilidades de la izquierda y el viento conservador que venía de Europa y de EEUU. La Transición es analizada como obra de ingeniería de una clase política franquista dirigida por Juan Carlos I. La oposición democrática aparece como actor necesario y, casi siempre, subalterno. Adolfo Suárez, el hombre más odiado por las derechas de la época, está hoy situado en los altares y su aliado, Santiago Carrillo, en los infiernos de la historia. La operación es curiosa: el Partido Comunista, de actor imprescindible en la Transición, se ha ido convirtiendo por las derechas en un obstáculo para nuestra democracia; como dijo un conocido magistrado, lo anormal es que una democracia seria permita la existencia legal de los comunistas.

 

“Las derechas han sabido patrimonializar nuestro imaginario constitucional y sus símbolos políticos convirtiéndolos en arma contra Las izquierdas”

Las derechas han sabido patrimonializar nuestro imaginario constitucional y sus símbolos políticos convirtiéndolos en arma contra unas izquierdas que, a su vez, ha ido perdiendo consistencia política y capacidad (contra)hegemónica. La operación es inteligente y tiende a expulsarlas del sistema político, arrinconarlas, situándolas a la defensiva y dejarlas sin iniciativa política. Ellas son la anti España. La Constitución se ha convertido progresivamente en algo suyo; sagrada, inmodificable, intocable y cada vez más apartada de la realidad que tiende a ordenar. El rey, la Casa de los Borbones, son defendidos férreamente y sin concesiones; las lucrativas actividades del Rey emérito negadas o, en todo caso, justificadas. La bandera constitucional se ha ido convirtiendo en un instrumento político y arma arrojadiza contra las izquierdas. El nacional-catolicismo retorna como víctima ante la tremenda agresión a la familia y a los valores tradicionales de la cultura cristiana. El problema con este Papa es evidente y lo sortean con cierta habilidad. Resumiendo: de nuevo las derechas tienen Rey, Patria, Dios y, esta vez, Constitución. España es suya.

Con la llegada de Vox se produce un cambio cualitativo, una ruptura que cambia agenda y sistema. De la derecha sin complejos pasamos a un nacionalismo español explícito con vocación de mayoría, de gobierno y de poder. ¿Cómo ha sido posible esto? Los factores que lo explican son internos, ampliados por los vientos de la época y tienen que ver centralmente con el intento de secesión de Cataluña y la posible ruptura del Estado español. Los actos tienen consecuencias. Se produjo una reacción enorme en Cataluña y en el resto de España. Dicho de otra forma, el paso del autonomismo al independentismo generó una crisis existencial del Estado, una “autonomización” significativa de sus aparatos e instituciones y, sobre todo, la emergencia de un potente nacionalismo español con voluntad de hegemonía en sentido estricto.

                               Santiago Abascal en el acto de Vox “España Viva”. Foto: Twitter

La singularidad española tiene que ver con el tipo de derecha que es el PP. El partido refundado por Aznar y el partido Vox tienen la misma tradición, el mismo sustrato ideológico y, en último término, el mismo discurso político. El militante del PP, una parte de sus votantes, sueñan con la jefatura de Abascal, se sienten sentimental y culturalmente parte del mundo de Vox y como, además, empiezan a tener la sensación de que su discurso tiene posibilidades de vencer, la situación de Pablo Casado se hace difícil y sin salidas claras. Ha existido la duda de si Vox pretendía ser un instrumento para cambiar al PP o construirse como alternativa a él. Todo apunta a que hoy Vox se siente con fuerza para convertirse en la derecha mayoritaria, cambiar el mapa político del país y, es mi opinión, de régimen.

Toda sociedad necesita auto representarse, construir imaginarios que validen las instituciones y una simbología que los identifique. Si se analizan con cuidado y con cierta distancia el nacionalismo español y los nacionalismos periféricos que hoy son independentistas, se observarán similitudes, estrategias parecidas, una lucha sin cuartel por la memoria histórica, por la construcción de comunidades imaginadas que justifiquen la ruptura y legitimen la polarización política. No les interesa la historia de los historiadores, sino aquella que se pueda convertir en sentido común de masas, en fundamento de una identidad. Lo más dramático es que la izquierda se encuentra cada vez más al margen de este juego, sin proyecto claro de país, obligada a pactar con las fuerzas nacionalistas para alcanzar su modesto programa económico-social.   

El dilema no es fácil de resolver, pero al menos habrá que hacerlo emerger y convertirlo en problema: o dejamos España como concepto e imaginario a las derechas o la disputamos desde otra propuesta política y cultural. Hay quien piensa que la cuestión puede ser eludida y hay quien defiende, más o menos, que no tiene solución. Otros, más audaces, piensan que es bueno y posible romper en varios pedazos el España, es decir, ir alegremente a la guerra civil o al golpe de Estado. Durante mucho tiempo se pensó que la globalización y la integración europea resolverían los viejos y nuevos problemas territoriales. La construcción de la Europa Unida iría deconstruyendo el Estado nacional y, por caminos contradictorios, terminaríamos en otro que reconocería la singularidad de las distintas nacionalidades históricas. A más Europa menos España.

“O dejamos España como concepto e imaginario a las derechas o la disputamos desde otra propuesta política y cultural”

La dialéctica entre la Unión Europea y los Estados nacionales se está haciendo muy viva en este periodo. Hay muchos falsos debates y demasiadas posiciones cargadas ideológicamente. La lógica operacional de la Comisión y del Tribunal de Justicia de la Unión generan resistencias que hacen fuertes a los soberanistas de derechas y da mucha munición a los populismos conservadores. El objetivo es ya diáfano: una constitución (formal y material) supranacional sin proceso constituyente, es decir, cambiar el régimen político de los Estados eludiendo los gravosos procedimientos democráticos para su reforma. No cabe confundirse, ninguna de estas fuerzas de derecha dura pondrá en cuestión este tipo de integración europea; ninguna pretende realmente volver al Estado nacional. Nada temen más que a la soberanía popular sin la red de la Unión Europea. Es un juego de estrategias, controversias controladas y en el fondo regladas,” tira y afloja” que alinean pedazos de la opinión pública y que ayudan a mantenerse en el poder a supuestos patriotas nacionalistas. La razón última parece también clara: están de acuerdo con este concreto y preciso tipo de integración neoliberal que es la Unión Europea; con el proyecto político-militar que la cohesiona, la OTAN; y, y esto es decisivo, con la alianza geoestratégica que la une subalternamente a los EEUU. Todo lo demás puede ser importante, discutible y hasta conflictual, pero secundario, muy secundario.

El impulso de los tiempos no va por estos caminos, creo. Los Estados nacionales no se están diluyendo en parte alguna; más bien está emergiendo un nuevo tipo de Estado más intervencionista, con mayores responsabilidades sociales y, sobre todo, económicas. Vox es en esto ejemplar único. Como neo-franquistas confunden la soberanía nacional con su negociación con los que mandan en Europa y en el mundo. Aceptarán, como siempre, lo que decidan las grandes potencias. No cuestionarán en serio la pertenencia a la OTAN, ni la existencia de bases militares en el suelo patrio, ni mucho menos las reglas básicas de la Unión Europea. Protestarán, se enfadarán muchísimo y clamarán al cielo; al final harán lo que les exijan los que mandan y no se presentan a las elecciones. Menos soberanía a cambio de más poder para las viejas y nuevas élites. Nunca discutirán las orientaciones de la oligarquía financiera-corporativa, son más neoliberales que el PP.  Se conforman, como Ayuso, con ser los gestores leales de los fondos de inversión, de los fondos buitres, de las grandes transnacionales; eso sí, en nombre de la sacrosanta independencia nacional. Su única condición: nosotros mandamos, nosotros decidimos. La soberanía del pueblo español nada vale; somos nosotros los que garantizamos vuestros intereses. España de nuevo en venta.

La izquierda española vive al día y carece de un proyecto solvente que genere compromiso y movilización. Confunde consignas con programa, frases, más o menos altisonantes, con ideario. Hay quien defiende la necesidad de ir a las cosas y centrarse en resolver los problemas vitales de las personas, lo que me parece bien. Mi acuerdo se agota cuando se dice o se insinúa que el ideario, el programa y la estrategia carecen de importancia, o algo peor, son un obstáculo para la unidad de las izquierdas. El programa sería, por lo tanto, algo técnico y las propuestas, medidas surgidas de un contexto social juicioso. Basta observar lo que cuesta aprobar mejoras tan moderadas, tan poco socialdemócratas en el gobierno de coalición PSOE/Unidas Podemos para saber que el debate político-ideológico está más vivo que nunca y que pronto, muy pronto, veremos la reacción de la UE, cuando Alemania supere su crisis. De inmediato, se habla de un pacto –secreto– con la Comisión para acordar un programa completo de “reformas” a cambio del “maná” de los fondos de recuperación. Veremos ideología de alto voltaje camuflada de reglas supuestamente técnicas, de sesudos burócratas de una UE preocupada, como siempre, por los derechos y el bienestar de la ciudadanía europea.

 

¿Qué significa tomarse en serio a VOX? Ser capaces de construir una propuesta político-cultural con voluntad de hegemonía que dispute a las derechas España como proyecto e imaginario socialmente vivido. Otra España posible no puede ser pensada como abstracción; está aquí, delante de nosotros. Hay que hacerla emerger, definirla y, sobre todo, organizarla sabiendo que es un proceso a medio y largo plazo y, es bueno decirlo, que no pude confundirse con una simple propuesta electoral. En España un proceso alternativo tiene que ver con tres asuntos que andan sueltos y que es necesario engarzar en torno a una idea fuerte de soberanía popular: República, democracia federal y socialismo.

El debate continuará.

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CONFERENCIA 

"¿Qué entiendo por Democracia?”

Ponentes:

-Manolo Monereo (Politólogo)
- Javier Pérez Royo (Catedrático de Derecho Constitucional)
- Juan Torres López (Catedrático de Economía Aplicada)
- Justo Villafañe (Catedrático de Reputación Corporativa)

Moderador: Manuel Galiñanes

Día: Viernes, 18 de junio de 2021

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